
¡Feliz día, soberana! Espero que estés muy bien, disfrutando de un lindo otoño o primavera, estés donde estés.
Hoy te contaré una historia que quizás has leído por aquí o escuchado en mi podcast «Tiempo para ti» por partes. Ya sabes que comencé con los primeros cursos de masajes en el 2015 y esto me permitió ejercer como masoterapeuta en Irlanda; ahí sentí lo bonito de entregar terapias a otros en dos lugares distintos.
Mis inicios en Santiago
En Santiago comencé a entregar masaje craneal Champi en el 2017. Tenía ambientada una habitación de mi casa y además hacía domicilios cerca de donde vivía. Así, ese hobby se transformó en un ingreso que complementaba mi renta. Cobraba bien barato, incluso algunos terapeutas me decían: «cobras muy barato para lo que entregas». Así continué por meses, hasta que llegó el 2018 y, confiando en mis capacidades, subí mi currículum a una plataforma de empleos de Irlanda, porque me iría a estudiar allá y quería trabajar en lo mismo. En esa época estaba trabajando en el rubro bancario, que era completamente diferente, pero disfrutaba tanto hacer masajes que simplemente me lancé.
El salto a Irlanda: con mi «cero inglés»
Recuerdo que, luego de llegar allá, me llamaron justo cuando ya tenía la visa y estaba buscando trabajo part-time de lo que fuese; hasta había olvidado esos currículums en esa plataforma. Estaba allá con mi «cero inglés» buscando trabajo. Afortunadamente, en la escuela donde estudiaba tuve muy buenos profesores que me ayudaron más allá de la sala de clases, y coworkers que me enseñaron el inglés técnico para atender lo mejor posible.
En Irlanda tuve dos grandes retos:
- El idioma: No hablaba casi nada, debía escribir las preguntas y respuestas para poder comunicarme.
- Mis estudios: Yo tenía cursos, no estudios universitarios como masoterapeuta.
Mi mejor aliado fue que me gusta aprender por mí misma y aprendo mucho de mis pares, especialmente de quienes saben más que yo. No me dio vergüenza decir: «I don’t understand» (no entiendo), «I speak a little English, I’m an English student» (hablo poco inglés, soy estudiante de inglés), «Can you repeat, please?» (¿me puedes repetir, por favor?) y más frases.
Quienes me dieron la primera oportunidad fueron los de un spa independiente. Ahí, más que los diplomas, mi prueba para ver si hacía de verdad masajes fue: “hazme un masaje, quiero ver tu técnica”. Y así quedé en ese primer lugar. Atendí a cientos de personas en unos meses: de 3 a 5 clientes por día, de 5 a 6 veces a la semana.
Pronto empecé a sentir el peso en mi cuerpo; era mucho en poco tiempo. Aprendí ahí nuevas técnicas y a utilizar implementos para ayudarme a realizar masajes. Ahí atendí a un público variado, desde turistas hasta deportistas y personas que iban cada 15 días para su tiempo de autocuidado, lo que me sorprendió mucho. Caminaba harto todos los días y hacía yoga a diario; por ello pude con todo ese ejercicio. Ganaba 450 euros a la semana como part-time más propinas, trabajando luego de clases todos los días. En ese lugar pasé momentos alegres y también de mucha tensión con algunos clientes muy patudos; ahí tuve que aprender a colocar límites en mi trabajo, decir «no» con firmeza y a definir qué podía aceptar y qué no.
Crecimiento en el hotel y nuevos retos
Sentía que ese lugar y sus clientes me desbordaron y que debía buscar otro lugar. Afortunadamente, encontré un segundo trabajo en un spa dentro de un hotel; los clientes cambiaron, tenía compañeras y me sentí más segura como mujer. Ahí ya ganaba un poquito más: de 500 a 600 euros semanales. Adicionalmente, aprendí nuevas técnicas, por ejemplo, a hacer un poco de reflexología podal, limpiezas faciales y otros tipos de masajes. En ese puesto ya no trabajaba tan sola como en el anterior (no me topaba casi nunca con otros pares); aquí tenía compañeras de distintos países, distintos acentos y todas hablábamos inglés. Aprendí muchísimo ahí de atención a pacientes, de tolerancia y que a veces es mejor hacer como que no se entiende; hay que elegir qué batallas pelear. Escribiendo esto, me doy cuenta de que fue intenso.
En ese lugar me vino la dermatitis de contacto por lavarme tanto las manos (algo importante y fundamental de hacer luego de cada terapia). El exceso de jabón hizo las primeras reacciones, y pasaron años para entender a qué era alérgica. Hoy lo tengo más manejado; he tenido que practicar atención plena para ser consciente de qué uso y cómo me siento.
Luces, sombras y aprendizajes
De ambos lugares me llevé grandes aprendizajes y clientes felices por los masajes. Allí realicé la cuencoterapia; de hecho, pedían a “la chica del cuenco” o a “la latina”. En Irlanda eran tantos los mexicanos que era normal que te confundieran con uno de ellos.
Aunque suene todo bonito, la vida está llena de tonalidades. Hubo días grises, como las nubes que me acompañaron todos los días casi por dos años. Yo llegué a Dublín con un poco de práctica en masaje relajante, descontracturante, masaje Champi y Reiki; sin embargo, allá aprendí masaje deportivo, masaje hawaiano, reflexología podal, tratamientos faciales y más. Aprendí también a escuchar mejor de distintas formas (lo que no se expresa hablando), a ser mi mejor versión para que cada persona a la que le realizaba un masaje sintiera alivio, y que mis manos transmitieran amor para ayudar a través de ellas. Dejar lindas huellas donde vaya… ahora sonrío recordando a esa versión de mí, me emociona.
De hobby a mi elección de vida
Quizás fue el lugar, el clima, las personas o mis bellas compañeras lo que hizo que sintiera una conexión tan bonita, que volviendo de Irlanda me dije: ¿este hobby podría ser mi trabajo? Y me respondí: ¿por qué no? Recordé lo bonito que se sintió y lo que me ayudó a ser quien soy. Cuando volví, aprendí la reflexología podal y otro sistema de Reiki, trabajé en ello, pero luego llegó la pandemia del Covid-19 y el mundo cambió; la vida nos enseñó nuevos aprendizajes y para mí comenzó este blog y mi podcast.
Hacer masajes ha sido parte de mi propio camino de autoconocimiento. Al inicio fue por mí, buscando en qué podría ser buena, ya que mi mente inquieta y mi curiosidad me han llevado a aprender de todo un poco. Pero hoy, observando ya casi 7 años atrás cuando empecé a estudiar de forma formal la masoterapia, veo que todo el camino me ha llevado hasta aquí, en un aprendizaje continuo. A diferencia de mis carreras anteriores, aquí siento felicidad, emoción y disfrute; es mi elección.
Gracias por estar aquí, soberana, y leer este trocito de historia que quizás resuene contigo. Quizás no con el masaje en sí, pero sí con la búsqueda de «to enjoy». Hacer cosas por sentir disfrute, placer en la vida, ver la belleza a tu alrededor. Algunos de mis grandes aprendizajes en Irlanda fueron: ampliar la mirada, pensar en más grande y que los masajes no son solo cuando algo te duele, sino que son parte de tu autocuidado; lo vi y creo que es posible.
Te mando un abrazo gigante y estoy muy agradecida de que estés aquí.

