¿Paciente, cliente o consultante?

Feliz día, soberana, espero que estés muy bien. Hoy te traigo un tema que he llevado meses pensando; luego me cuentas qué opinas y cómo los llamas tú.

Cuando decidimos dedicarnos a las terapias integrales u holísticas, no solo aplicamos técnicas de lo que hemos aprendido, también nos enfrentamos a un dilema que define nuestra relación con las personas que cruzan la puerta de nuestro espacio: ¿cómo debemos llamarlas? No sé a ustedes, pero al inicio yo les llamaba clientes. Al «paciente» lo entendía como alguien que pertenecía estrictamente al área de la salud, solo en ese contexto. Luego leí por ahí que «cliente» se aplicaba en otros ámbitos… y como yo trabajé en un banco, era súper común llamar así a quienes solicitaban seguros, tarjetas o créditos. Sin embargo, hace ya unos dos años, escuché a una maestra de Reiki hablar de «consultantes» y ahí me vino la duda…

¿Son pacientes? ¿Clientes? ¿O quizás consultantes?

Aunque a primera vista parezca un simple juego de palabras, la forma en que nombramos a quienes atendemos revela nuestra filosofía de trabajo, nuestros límites éticos y, en Chile, incluso tiene un marco normativo que es muy importante conocer.

Hoy quiero invitarte a tomar una taza de buen café o tecito y a que revisemos juntas qué hay detrás de cada uno de estos términos, de dónde vienen y cómo se aplican en nuestro país. Al final te dejaré varias referencias si deseas seguir profundizando.

1. El «Paciente»: La mirada desde el cuidado y la medicina convencional

El término paciente es, sin duda, el más antiguo y reconocible. Proviene del latín patiens, que significa literalmente «el que sufre» o «el que soporta».

Históricamente, este concepto nace de la medicina clínica y el psychoanálisis tradicional. Establece una relación donde el profesional (el terapeuta o médico) tiene el «saber» y las herramientas para sanar, mientras que el paciente asume un rol más receptivo para recibir el tratamiento.

  • ¿Dónde se originó? Es la base del modelo biomédico tradicional y del psicoanálisis clásico fundado por Sigmund Freud. Puedes profundizar en estas bases históricas en la obra clásica Estudios sobre la Histeria (1895).
  • ¿Cuándo usarlo? Es el término ideal si tu práctica se desarrolla en entornos clínicos, hospitales o si trabajas en equipos multidisciplinarios de salud física o mental regulados por manuales como el DSM-5 o la CIE-11.

2. El «Cliente»: Autonomía, servicio y el enfoque humanista

Aunque hoy asociamos la palabra cliente a una transacción comercial, su raíz etimológica es mucho más profunda. Viene del latín cliens, que en la Antigua Roma describía a un ciudadano libre que buscaba activamente la protección y guía de un patrón.

En la década de 1940, el psicólogo estadounidense Carl Rogers revolucionó la terapia al introducir este concepto a través de la terapia centrada en el cliente. Rogers argumentaba que llamar «paciente» a alguien con problemas emocionales o de bienestar lo situaba automáticamente en un rol de «enfermo» pasivo. Al llamarlo cliente, se busca destacar que la persona es un agente activo, libre y con la capacidad de decidir sobre su propio proceso. Además, reconoce que existe un acuerdo o contrato de servicios profesional mutuo, transparente y respetuoso.

  • ¿Dónde se originó? Esta perspectiva la encuentras detallada en el libro fundamental de Carl Rogers, Client-Centered Therapy (1951) y en su célebre obra El proceso de convertirse en persona. Puedes leer más sobre su enfoque en Psicología y Mente.
  • ¿Cuándo usarlo? Es muy común en la práctica independiente, el coaching y en enfoques terapéuticos humanistas, donde se quiere poner en valor el compromiso mutuo y la horizontalidad de la relación.

3. El «Consultante»: El punto de encuentro colaborativo

Para quienes buscamos un equilibrio que escape tanto del peso clínico del «paciente» como de la sensación a veces demasiado mercantil del «cliente», surge la palabra consultante.

Este término proviene principalmente de los modelos sistémicos y de la psicología comunitaria. Fue adoptado por terapeutas sistémicos hispanohablantes como una evolución cultural del modelo constructivista. Su objetivo fue traducir los conceptos de Steve de Shazer evitando palabras como «comprador» (customer), que resultaban excesivamente comerciales en nuestra cultura. Define a la persona a través de su acción: es alguien que detecta una necesidad en su vida y realiza una consulta activa para recibir orientación, herramientas o alivio, pero manteniendo en todo momento el control y la responsabilidad de su propio proceso de sanación.

  • ¿Dónde se originó? Se popularizó con las terapias familiares sistémicas y la terapia breve centrada en soluciones. Puedes revisar el uso del lenguaje de este enfoque en la obra de De Shazer En un origen las palabras eran magia (1994).
  • ¿Cuándo usarlo? Es una maravillosa opción para terapeutas integrales y holísticos. Describe a la perfección a alguien que viene por un masaje de relajación, una sesión de Reiki o una terapia de bienestar integral: la persona consulta, el terapeuta facilita el espacio, y juntos co-crean el camino hacia el autoconocimiento.

¿Cómo está regulado esto en Chile? 🇨🇱

Si ejerces o estás recibiendo terapias en Chile, te interesará saber que nuestra legislación y códigos éticos abordan esta terminología con mucha atención:

El Código de Ética Profesional

En el ámbito de la salud mental y el apoyo terapéutico, el Código de Ética Profesional del Colegio de Psicólogos de Chile utiliza de forma prácticamente equivalente los términos «paciente o cliente» (por ejemplo, en sus artículos sobre confidencialidad y consentimiento), asumiendo que ambos conceptos conviven según el tipo de servicio que se preste.

Las Leyes de Salud del Estado

A nivel de leyes de la República, el foco chileno ha evolucionado para proteger la dignidad de las personas sin importar el término que utilicen los profesionales en su consulta privada:

  1. La Ley de Derechos y Deberes (Ley 20.584): Aunque popularmente se le conoce como la «Ley de Derechos del Paciente», el texto legal evita usar «paciente» en su articulado y prefiere hablar de «las personas» o «usuarios». Esto se hizo expresamente para asegurar que el ciudadano es un sujeto activo que tiene derecho a decidir, informarse y consentir su atención.
  2. La Ley de Salud Mental (Ley 21.331): Esta norma refuerza el respeto a la autonomía utilizando conceptos como «personas usuarias» o «persona con discapacidad psíquica», garantizando que nadie pierda su voz ni su capacidad de decidir por el hecho de ingresar a un proceso de salud.

Mi reflexión: ¿Cómo elijo llamarte aquí?

Desde mi perspectiva en las terapias integrales, creo que cada palabra tiene su propia energía.

Aunque en los registros formales y contratos de atención es sumamente útil el término cliente o usuario por un tema de orden estructural, en el día a día prefiero verles como consultantes o, simplemente, como personas en su camino de bienestar.

Cuando vienes por un masaje integral o una terapia energética, no estás enfermo esperando pasivamente que te «curen» (paciente), ni eres solo un número en una transacción (cliente). Eres alguien consciente de su cuerpo y de su mente, que decide tomar una pausa activa en su rutina para reconectar y sanar si lo crees necesario; es tu momento de autocuidado. Mi rol es, humildemente, acompañarte en tu camino y facilitar ese espacio.

Y tú, soberana, cuando asistes a una terapia, ¿con cuál de estos términos te sientes más cómoda? ¡Me encantaría leerte en el formulario de contacto o en Instagram en un mensaje privado! Te mando un abrazo gigante y espero que nos sigamos encontrando.

Karen

Referencias para seguir profundizando: